Los egos y el egoísmo al bailar tango

Egoísmo al bailar tango

Los egos y el egoísmo al bailar tango

A veces existen milongas en las que se siente un ambiente tan competitivo que no provoca bailar, con tan solo abordar la pista se sienten casi los mismos nervios que en una competencia de tango, existen personas dentro y fuera de la pista que se dedican más a la crítica que al disfrute y dentro de la pista existen personas con ansias por demostrar el nivel de baile alcanzado o el nuevo paso practicado en clases. Cuando los egos salen a bailar es mejor quedarse sentado y mirar ya que el fenómeno es muy divertido de estudiar.

Tomando una de las tantas definiciones que se dan en la psicología, el Ego es la instancia psíquica a través de la cual el individuo se reconoce como yo, es consciente de su propia identidad y su relación con el medio¹; con base en la anterior definición se podría decir que el ego en los bailarines es una característica positiva, el reconocerse como bailarín, ser consciente de su identidad al bailar y de la relación con el resto de los bailarines y el medio es lo que se busca en cualquier milonga del mundo. El problema no es el ego, más bien el problema es la conducta de anteponer los intereses propios por sobre los intereses del resto, o eso que comúnmente se denomina egoísmo.

 

El egoísmo al bailar tango

Existe una muy delgada línea que separa el egoísmo saludable del egoísmo dañino, y es que no es del todo malo el poner los intereses propios por sobre los intereses de los demás, por ejemplo, si al comenzar una tanda un caballero busca el cabeceo de la dama, es totalmente correcto que la dama coloque sus intereses propios por encima de los intereses del caballero y esquive la mirada si es que no desea bailar en ese instante, en esa situación se podría decir que la dama está ejerciendo su derecho a elegir su compañero de baile desde el sano egoísmo. Algo muy distinto es que la dama acepte bailar con un caballero y luego, durante el desarrollo del baile, se da cuenta de que el caballero es un principiante y aun así la dama no adapta su modo de bailar, quizás porque desea hacer adornos o florituras que la hacen lucir a ella pero que entorpecen el equilibrio y el disfrute del baile del caballero y del resto de los bailarines.

Cuando una persona, guía o seguidor, centra su baile únicamente en el disfrute propio, no está bailando tango; cuando no se preocupa por sentir a su pareja y por hacer movimientos que provoquen esa verdadera sensación de disfrute, está bailando desde el dañino egoísmo. El verdadero tango, el que se bailaba hace muchos años atrás, no consistía en grandes pasos y dinámicas, no se componía de bailes egoístas, el verdadero tango es un acto de meditación compartida al ritmo del 2X4, el verdadero tango tiene mucho de ego ya que, en la conexión más profunda, el individuo es consciente de su yo, de su identidad al bailar y de su entorno.

 

El egoísmo en la vida

En la vida, así como en el tango, existe el sano egoísmo, aquel que antepone los intereses propios por encima de los intereses de los demás y no busca dañar o perjudicar a otras personas. Cuando una persona se encuentra en un avión y el personal del avión da las indicaciones de seguridad, entre las recomendaciones se encuentra una que muestra el sano egoísmo: “en caso de una descompresión colóquese la máscara de oxígeno usted primero antes de proceder a ayudar a otra persona”, para ayudar, primero hay que encontrarse bien, de ahora en adelante preocúpese primero por estar bien usted antes de ayudar a los demás, porque quizás la mejor forma de ayudar a alguien más es ayudarse a sí mismo. En contraposición el egoísmo dañino en el caso del avión sería colocarse la máscara de oxígeno y no ayudar a nadie más a colocársela.

 

Volviendo al egoísmo al bailar tango

En el tango, un ego dañinamente alimentado llevará a la persona a bailar con egoísmo dañino y no hacer el mínimo esfuerzo para conectarse, respetar y hacer disfrutar a su pareja de baile, de la misma manera, la persona que se queda sentada y alimenta su ego de afirmaciones egoístas, crea un ambiente de conflicto y competencia que nada tiene que ver con el disfrute y la belleza del tango. Afirmaciones como: esa persona no baila mejor que yo, no sé porque baila tanto toda la noche si hace las figuras tan mal, sus pies no se mueven tan lindo como los míos, mira cómo se equivoca, entre otras, son las que alimentan de forma negativa el egoísmo y crean un ambiente pesado y de competitividad en la milonga.

En la milonga las personas van a disfrutar y no a competir, es responsabilidad de todos los participantes mantener un ambiente cordial y de encuentro, un ambiente de aceptación y tolerancia, un ambiente donde bailan los sanos egos y el sano egoísmo, en la medida en que existan más milongas de encuentro y menos milongas de egoísmo, en esa misma medida el tango seguirá ganando muchos más seguidores en el mundo y todas las personas podrán compartir y sentir la verdadera esencia del tango: “la conexión”.

 

Hasta la próxima Tanda !!!

 

¹Definición tomada de www.definición.de

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